Opinión de Nery Peña.
González Torres explica que es la concelebración de dos fiestas en una: la profana, del solsticio de verano, culto al sol simbolizado por el fuego, y la religiosa, del 24 de junio, natividad de San Juan Bautista.
Ese fuego es el centro. En Paraguay, el fuego lo purifica todo. Y en ese fuego nace el rito más esperado: el Judas Kai.
El Judas Kai, cuya traducción es quema de Judas, es la creación y posterior quema de un muñeco que representa a Judas Iscariote, el apóstol que traicionó a Jesucristo. Como describe el mismo González Torres, es un ritual simbólico en donde el pueblo, simbólicamente, toma venganza del apóstol Judas Iscariote, por haber traicionado a Jesús.
La religiosidad popular paraguaya lo entiende perfectamente: no se quema a la persona, se quema la actitud. El muñeco puede ser un político, un artista o un futbolista. No es un ataque personal. Es la representación de una conducta déspota, soberbia o incorrecta que hirió a la ciudadanía.
Por eso, la elección del futbolista francés Mbappé como Judas Kai de este año no es discriminación. No es por su color de piel. Es por su actitud. El pueblo paraguayo lo eligió por esa soberbia, por esa postura de mal ganador y por palabras hirientes que se sintieron como una falta de respeto.
Quemar esa figura no es decir te odiamos. Es decir nos dolió tu actitud. Es entregar al fuego purificador lo malo, para que quede lo bueno. Esa es la esencia de San Juan.
El paraguayo es alegre, acogedor y hospitalario. No tolera la hipocresía ni ese juego perverso de ofender y denigrar para luego victimizarse.
Opinó Nery Peña.

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