En la costa atlántica de Canadá se documentaron nueve tortugas afectadas por el frío durante la temporada 2025-2026, de las cuales solo una sobrevivió. En el noreste y Atlántico central de Estados Unidos se contabilizaron 771 tortugas aturdidas por frío, el 80 % de ellas juveniles de tortuga lora de Kemp (Lepidochelys kempii).
En Massachusetts, los varamientos han pasado de unas 140 tortugas anuales hace dos décadas a más de 700 en los últimos años. En Canadá, los casos también han crecido: 17 en 2023-2024 y 9 en la última temporada.Las tortugas jóvenes son arrastradas hacia el norte por corrientes oceánicas cada vez más cálidas durante el otoño. Al descender la temperatura del agua por debajo de los 10 °C, estos reptiles ectotérmicos sufren hipotermia o aturdimiento por frío, lo que las debilita, reduce su capacidad de buceo y las expone a ser arrastradas hacia la costa por vientos, olas y mareas. Expertos señalan que el calentamiento oceánico actúa como una “autopista accidental” que altera los patrones migratorios habituales.
El caso más destacado de la última temporada es el de Lucky, una joven tortuga encontrada en octubre de 2025 en la bahía de Fundy, Nueva Escocia. Estaba gravemente demacrada, con el caparazón cubierto de lesiones y al borde de la sepsis. Tras ser rescatada por la Red Canadiense de Tortugas Marinas, recibió rehidratación, antibióticos y calentamiento gradual. Durante meses de rehabilitación duplicó su peso y se alimentó de calamares y gambas.
En abril de 2026 fue trasladada a las Bahamas y liberada tras comprobar que podía bucear y alimentarse correctamente.Brian Stacy, veterinario del Programa Nacional de Tortugas Marinas de la NOAA, ha señalado que los cambios en la magnitud y periodicidad de estos episodios resultan “intrigantes” y que se prevé un aumento futuro. Kathleen Martin, directora ejecutiva de la Red Canadiense de Tortugas Marinas, indica que las tortugas se encuentran ahora más al norte del límite histórico de Cape Cod. Margaret Lamont, bióloga investigadora del USGS con más de 30 años de estudio de la especie, afirma que “por mucho que sepamos sobre las tortugas marinas, es sorprendente lo mucho que aún nos queda por descubrir” y advierte sobre el riesgo de perder cientos o miles de individuos en una población ya muy reducida.
La población estimada de tortuga lora de Kemp se sitúa en torno a las 22.000 individuos en estado silvestre, con menos de 10.000 hembras reproductoras según evaluaciones de la UICN de 2019. Aunque el calentamiento de los océanos es el factor principal señalado, los científicos destacan que intervienen múltiples variables, como sistemas meteorológicos a gran escala y las condiciones oceanográficas durante los “años perdidos” que las crías pasan en mar abierto.
Persiste el misterio de por qué muchas tortugas permanecen en aguas costeras poco profundas en lugar de dirigirse a alta mar, donde las condiciones serían menos peligrosas.Los expertos coinciden en que se requieren más estudios combinados de seguimiento por satélite y análisis genético para comprender mejor las rutas migratorias y los factores que desvían a estas tortugas de su camino habitual hacia el Golfo de México.
La tendencia observada en los últimos años refleja los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas marinos y plantea desafíos adicionales para la conservación de una de las especies más vulnerables del planeta.

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