Para muchas personas el silencio absoluto resulta ensordecedor a la hora de conciliar el sueño, por lo que necesitan siempre un murmullo de fondo. Sin embargo, según la psicología, esto es un grave problema para la calidad del descanso.
Desde la perspectiva psicológica, la necesidad de mantener un sonido de fondo es una estrategia de afrontamiento. Cuando llega el momento de acostarse, la ausencia de distracciones suele dar paso a un estado de rumiación, donde la persona comienza a tener pensamientos intrusivos sobre su día a día.
En este contexto, una serie de televisión o un podcast actúan como un «ancla atencional». Al mantener el cerebro ocupado procesando estímulos externos, se bloquea el espacio cognitivo necesario para que aflore el malestar interno, reduciendo temporalmente la ansiedad previa al sueño.
El problema radica en el condicionamiento: con el tiempo, el cerebro asocia de manera rígida la presencia de la televisión encendida con el momento de dormir, y la persona se vuelve incapaz de conciliar el sueño en condiciones normales de silencio.
La neurociencia ha demostrado que el cerebro no se desconecta del entorno acústico durante la noche. La televisión es especialmente disruptiva debido a su patrón sonoro errático, lleno de diálogos, pausas, música, efectos y cambios bruscos de volumen que generan constantes microdespertares.
Investigaciones con polisomnografía han constatado que el ruido de la televisión reduce significativamente el sueño de ondas lentas, la fase más profunda y reparadora, así como el tiempo en fase REM. A esto se suma que la luz de las pantallas suprime la secreción de melatonina y confunde los ritmos circadianos.
Los expertos recomiendan una reducción gradual: pasar de series nuevas a contenidos repetidos, luego a audios sin voz, posteriormente a ruido neutro a bajo volumen y finalmente al silencio total, usando temporizadores. También sugieren abordar la ansiedad mediante terapia cognitivo-conductual.
Deja una respuesta