Este domingo se cumplen 100 años de uno de los hechos más luctuosos que vivió el Paraguay. El 20 de septiembre de 1926, alrededor de las 18:30, un tornado de categoría F4 arrasó la Villa Baja y el sector portuario de Encarnación. El saldo fue de entre 300 y 400 muertos y cientos de heridos. Se trata del tornado más mortífero registrado en Sudamérica.
El fenómeno se formó sobre el río Paraná con vientos que superaron los 250 km/h. Entró por el muelle construido en 1918 y lo destruyó por completo. Arrasó casas, monumentos y edificios. Solo seis viviendas quedaron en pie, todas con graves daños. Las chapas de zinc volaron como «guadañas satánicas» y los cables eléctricos quedaron tendidos como trampas mortales.
En medio de la tragedia surgieron héroes civiles. Juan Pedotti, jefe de la usina, desconectó los motores y cortó la electricidad. Murió electrocutado, pero su gesto evitó que decenas de personas tocaran los cables caídos.
El padre José Kreusser, párroco de la ciudad, recorrió los escombros socorriendo heridos. Junto al práctico de navegación Jorge Memmel decidió cruzar el Paraná embravecido para pedir auxilio. El canoero Daniel Rodríguez Genes, conocido como «Ministro», los llevó en su canoa Nerón hasta Posadas.
El gobernador de Misiones, Héctor Barreyro, suspendió la fiesta de primavera y organizó un operativo masivo. Barcos, médicos, enfermeras, alimentos y medicamentos cruzaron el río esa misma noche. Los ferrobarcos se convirtieron en hospitales flotantes y la Logia Roque Pérez abrió sus puertas como hospital de campaña.
Al día siguiente, la noticia llegó a Asunción a las 5:45 mediante un telegrama desde Posadas. El ferrocarril partió de la capital con médicos y víveres, y llegó en tiempo récord de siete horas.
En 1929, la colectividad paraguaya en Misiones donó un monolito de piedra roja que aún se levanta en el Parque República del Paraguay de Posadas. En 2006, esa ciudad instituyó el 26 de septiembre como Día de la Confraternidad y Solidaridad entre ambas ciudades.
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