De acuerdo con los datos del Balance Energético Nacional, en 2025 el consumo final de energía alcanzó 7.003,7 ktep, con un crecimiento de 8,2% frente al año 2024. Dentro de ese resultado, el consumo de electricidad aumentó 15,5%, mientras que el de productos derivados del petróleo creció 8,6%.
El documento destaca asimismo que, la generación bruta de electricidad, llegó a los 45.569,1 GWh, un 6,7% más que en 2024, favorecida principalmente por una recuperación parcial de las condiciones hidrológicas del río Paraná. Según los datos, detrás del aumento del consumo eléctrico, la mayor parte del salto provino de la Infraestructura Digital Avanzada (IDA), que comprende actividades electrointensivas.
En ese sentido, el experto en eficiencia energética, Nicolás Foissac, destacó en entrevista con Ñanduti Negocios que mientras el consumo eléctrico de la industria manufacturera creció 4,7%, el residencial lo hizo 5,1% y los sectores de comercio y servicios en un 5,6%, el consumo de las IDA aumentó 138,5%.
De acuerdo con el especialista, este segmento pasó de representar alrededor del 12% del consumo eléctrico en 2024 a cerca del 24% en 2025. Por eso, aseguró que el crecimiento de la demanda no puede interpretarse “simplemente como una señal de electrificación de la economía”. A su criterio, “Paraguay consume mucha más electricidad, pero eso no significa que su sector productivo se está electrificando”
En esa línea, cabe destacar que el propio balance muestra que la industria manufacturera representa el 23,5% del consumo final de energía del país. Al mismo tiempo, el sector transporte continúa siendo el principal consumidor, con 37,9% del total nacional.
La industria todavía debe electrificarse
El análisis realizado por Foissac se centra principalmente en la situación de la industrial, ya que el sector manufacturero continúa obteniendo 74,5% de su energía de la biomasa y apenas 16% de la electricidad, mientras que los derivados del petróleo representan el 9,5% restante.
Para el experto, esta composición responde a las características de la industria paraguaya y al tipo de procesos que predominan en el país, donde una parte importante de las actividades manufactureras requiere de energía térmica para producir vapor y calor, por lo que utiliza calderas alimentadas con leña o chips de madera.
Sobre el punto recordó que principalmente los frigoríficos, cervecerías, industrias textiles, secaderos de granos, yerbateras y otras actividades dependen de procesos térmicos. También ocurre con nuevas instalaciones vinculadas a los sectores avícola y porcino, donde la biomasa continúa siendo utilizada para generar calor.
Foissac, sostuvo además que esta característica ayuda a explicar por qué la electricidad todavía tiene una participación limitada dentro del consumo energético industrial. A esto se suma una cuestión económica, ya que la biomasa disponible localmente continúa siendo relativamente accesible para la industria.
En ese contexto ejemplificó que una tonelada de leña puede costar alrededor de G. 350.000 o poco más de USD 50, lo que contribuye a mantener su utilización frente a alternativas eléctricas.
Sin embargo, también advirtió que el problema no consiste simplemente en reemplazar biomasa por electricidad. A su criterio, primero debe resolverse la capacidad y calidad de la infraestructura eléctrica necesaria para sostener procesos industriales más intensivos en electricidad.
Limitaciones de la red eléctrica
Para Foissac, una de las mayores restricciones para avanzar en la electrificación industrial está en la red de transmisión y distribución. Según el balance energético se registraron unos 7.191 GWh de pérdidas en transmisión y distribución durante 2025, equivalentes al 24,4%.
El documento también señala que contar con recursos hidroeléctricos no elimina la necesidad de disponer de una infraestructura capaz de transportar y distribuir esa energía de manera eficiente. Al respecto, Foissac consideró que las pérdidas deben reducirse, aunque aclaró que ninguna red eléctrica opera con pérdidas cero.
Según explicó, la propia ANDE contempla que existe un nivel de pérdidas que puede reducirse hasta aproximadamente 16%, por debajo del cual, el costo de continuar disminuyéndolas deja de ser económicamente conveniente. Sin embargo, el problema no se limita solo a las pérdidas, sino también a la calidad y disponibilidad del suministro.
El especialista señaló que existen industrias que enfrentan interrupciones del servicio eléctrico que pueden durar desde instantes hasta varias horas, afectando motores, compresores y otros equipos, generando un obstáculo para empresas que requieren una provisión eléctrica estable.
Asimismo destacó que esta situación adquiere mayor relevancia cuando se trata de nuevas inversiones de gran escala, principalmente porque una fábrica que necesita 20 MW de potencia, requiere una infraestructura de conexión capaz de soportar esa demanda y actualmente, una instalación de ese tamaño puede encontrar dificultades para conectarse por la falta de subestaciones disponibles o por el riesgo asociado a interrupciones del servicio.
“No se trata solamente de cuánta energía tenemos disponible, también es necesario garantizar que esa energía pueda llegar con suficiente calidad y confiabilidad hasta los puntos donde se necesita”, dijo.
También sostuvo que esta situación afecta a los centros de datos, particularmente aquellos destinados a aplicaciones de inteligencia artificial, debido a que los data centers de alta categoría requieren niveles de disponibilidad superiores al 99%, por lo que una interrupción puede generar costos y penalizaciones importantes.
El desafío de formalizar la biomasa
El balance energético señala que el consumo final de energía renovable alcanzó 4.023,9 ktep en 2025, con un crecimiento de 8,4%. El índice de renovabilidad del consumo final llegó al 57,5%, unos 27 puntos porcentuales por encima del índice calculado para el conjunto de los países de la región en 2024.
Para Foissac, el desafío está en el origen de esa biomasa, ya que una parte importante todavía procede de bosque nativo, estimado en un 51% de la biomasa utilizada, mientras que aproximadamente 30% proviene de reforestación y el resto incluye residuos y subproductos como cáscara, coco y bagazo.
Para el especialista, esto abre una oportunidad que va más allá de la cuestión ambiental. “Lo que debemos hacer es desarrollar plantaciones energéticas, residuos aprovechables y cadenas forestales formales no es solo como una cuestión ambiental, sino como una oportunidad industrial y energética para Paraguay”.
En esa línea, planteó aumentar la reforestación, optimizar el uso de la biomasa y avanzar hacia cadenas de producción más formales y circulares. Esto, además de reducir la presión sobre los bosques nativos, podría generar nuevas oportunidades para atraer inversiones vinculadas a la energía y al aprovechamiento de residuos.
Otro de los puntos que Foissac consideró fundamentales, es que Paraguay no debería analizar sus fuentes energéticas de manera aislada. El país cuenta con una importante disponibilidad de energía hidroeléctrica, pero mantiene una fuerte dependencia de combustibles fósiles importados.
En 2025, las importaciones de derivados del petróleo alcanzaron unos 3.106,4 ktep, con un crecimiento de 6,2%; las importaciones de diésel aumentaron 5,9% y las de gasolina 2%. Para Foissac, esa dependencia representa una vulnerabilidad que debería ser considerada dentro de la planificación energética.
“Necesitamos ver todo como un solo sistema, esto implica analizar cuánto y cómo consume el país, qué fuentes utiliza, cuáles son las pérdidas y qué infraestructura necesita para acompañar el crecimiento futuro de la demanda”, sostuvo.
En ese proceso, consideró prioritario invertir en las redes de transmisión y distribución, anticiparse al aumento del consumo mediante nueva generación y avanzar en la electrificación donde sea técnica y económicamente viable. Pero también advirtió que electrificar, exige hacerlo con eficiencia por lo que se debe mejorar los hábitos de consumo, reducir desperdicios y aumentar la eficiencia tanto en las industrias como en los hogares.
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