Del campo a los servicios: El cambio del mercado laboral paraguayo en los últimos 40 años

Los datos del informe Fuerza de Trabajo, presentado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el marco de la difusión de los resultados del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022, muestran la magnitud de la evolución del mercado laboral paraguayo en los últimos años y destaca los desafíos que todavía enfrenta el país para ampliar las oportunidades laborales.

Uno de los principales indicadores señalados es el crecimiento de la población en edad de trabajar, es decir, las personas de 15 años y más. Este grupo pasó a representar el 75% de la población total en 2022, un aumento de 15,8 puntos porcentuales respecto a lo que se veía hace 40 años en 1982.

En términos absolutos, Paraguay tenía 4.580.873 personas en edad de trabajar en 2022 y de ellas, el 70% residía en áreas urbanas y el 30% en zonas rurales, una distribución que refleja el avance de la urbanización y su influencia en la organización de la actividad económica.

El crecimiento de la población en edad de trabajar también estuvo acompañado por una mayor participación en la actividad económica según el INE, ya que en 1982, la fuerza de trabajo representaba el 54,3% de las personas en edad laboral; para 2022, esa proporción había aumentado al 66%. En total, la fuerza de trabajo paraguaya estaba integrada por 3.025.519 personas en 2022.

En paralelo, se menciona que la proporción de personas que se encontraban fuera de la fuerza de trabajo, es decir, las personas que no trabajaban ni buscaban empleo disminuyó, pasando del 45,4% en 1982 al 33,8% en 2022. En cuanto a la  evolución en la tasa de ocupación, que mide la proporción de personas en edad de trabajar que efectivamente tienen empleo. El indicador pasó del 53% al 64,4% en las cuatro décadas analizadas.

Según el INE, estos cambios responden a diversos factores, entre ellos la incorporación creciente de las mujeres al mercado laboral, el aumento del nivel educativo, las transformaciones en la estructura familiar y las normas sociales, además de los procesos de migración y urbanización intensificados desde la década de 1990.

A esto se suma una transición productiva que generó oportunidades de empleo fuera de las actividades primarias, aunque el organismo advierte que persisten niveles elevados de precariedad y baja productividad.

De la agricultura a una economía de servicios

Uno de los grandes cambios identificados por el INE es la transformación de los sectores que generan empleo en Paraguay, ya que en 1982, el sector primario, que incluye agricultura, ganadería, caza y pesca, concentraba alrededor del 45,8% de la población ocupada. Cuatro décadas después, su participación cayó al 14%.

En sentido contrario, el sector terciario o de servicios, experimentó una expansión sostenida, y las actividades vinculadas al comercio, el transporte, las comunicaciones, las finanzas, los restaurantes, los hoteles y otros servicios pasaron de representar el 33,4% de la población ocupada en 1982 al 66,8% en 2022.

Esto significa que aproximadamente dos de cada tres personas ocupadas trabajaban en actividades de servicios al cierre del periodo analizado. El sector secundario, que comprende industrias manufactureras, construcción, minas y canteras, tuvo sin embargo, una variación más moderada y pasó del 20,8% al 19,2%.

Además, se observa que en 2022, el 88,5% de las mujeres ocupadas trabajaba en el sector terciario, frente al 53,1% de los hombres. En cambio, los hombres tenían mayor participación en el sector secundario, con el 26,6%, y en el primario, con el 20,3%. Entre las mujeres, estos porcentajes eran del 7,5% y el 4%, respectivamente.

Asunción, Central y Alto Paraná registraron niveles de ocupación superiores al 70,8% en el sector terciario o de servicios, mientras que en departamentos como San Pedro, Caazapá y Canindeyú el sector primario mantiene un peso importante.

En las zonas urbanas predominan las actividades de servicios, mientras que en las rurales la agricultura y otras ocupaciones vinculadas al sector primario conservan una mayor presencia.

Participación femenina y brechas persistentes

Otro de los cambios más significativos del mercado laboral paraguayo fue la incorporación de más mujeres a la actividad económica. En los últimos 40 años, la participación femenina en la fuerza de trabajo aumentó 31,3 puntos porcentuales, mientras que la masculina disminuyó 7,8 puntos. En el conjunto de la población, el crecimiento fue de aproximadamente 11,8 puntos porcentuales.

Sin embargo, una mayor participación no se tradujo en igualdad de oportunidades, ya que los datos de 2022 muestran que la tasa de ocupación masculina alcanzó el 77,8%, frente al 51,2% registrado entre las mujeres, con una diferencia de 26,6 puntos porcentuales.

Las brechas aparecen a lo largo de toda la vida laboral, y entre las personas de 30 a 44 años, la participación en la fuerza de trabajo llegó al 93,5% entre los hombres, mientras que entre las mujeres se situó en el 66,6%.

Asimismo, en todos los grupos de edad, las mujeres presentan niveles de inactividad superiores a los de los hombres. Entre las mujeres de 65 años y más, el 77,6% no trabajaba ni buscaba empleo, frente al 51,6% de los hombres de la misma edad.

La desigualdad también se evidencia en el tipo de empleo, ya que mientras los hombres tienen mayor presencia en el empleo privado y el trabajo por cuenta propia, las mujeres registran una participación relativamente mayor en el empleo público y, especialmente, en el trabajo doméstico. Este último concentra una marcada segmentación por género y está vinculado a tareas de cuidado que suelen recibir una valoración económica inferior.


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